martes 2 de junio de 2009

Mrkša Nikola

NIKOLA MRKŠA —ARTESANO-ARTISTA CROATA—

ACTUA EN CHILE

La revista chilena "Paula 314" del 15 de enero de 1980, escribe sobre este compatriota nuestro:

«Nikola Mrkša, afinador por excelencia, natural de Zagorska-Sela, pueblo cercano a Zagreb, capital de Croacia, llegó a Santiago en 1952 a trabajar en el taller de Margarita Friedemann. Desde la época de René Amengual, hasta hoy, ha tenido a su cargo todos los pianos de la Facultad de Música de la Universidad de Chile, más los del Teatro Municipal, Agrupación Beethoven, Orquesta Sinfónica, Instituto Goethe, y aquellos pertenecientes a grandes artistas como Claudio Arrau, Alfonso Montecinos, Flora Guerra, Roberto Bravo, Oscar Gacitúa y Herminia Raccagni, por nombrar algunos de sus famosos clientes. Este oficio requiere del tercer oído para vivir la otra dimensión de los silencios.

"Muchos me llaman yugoslavo, pero yo no soy yugoslavo, soy croata"; dice de entrada don Nikola Mrkša, cuando llegamos a su casona de calle Argomedo para conocer la intimidad de este oficio-arte tan antiguo como el lenguaje mismo de la música. Es verano y afuera el sol parte el cemento y el canto de los pájaros. Los ruidos aturdidores de la ciudad no dejan espacio para los silencios naturales, pero adentro —afinada la atmósfera por la presencia muda de los pianos— comienzan los sentidos a recuperar la percepción y algo como de magia o respeto nos envuelve. Porque esto no es el brillo sonoro de una partitura, ni el impacto de un concierto escuchado a toda orquesta en la platea del Municipal; sino otra cosa, la cara oculta y misteriosa que no sale a la luz, la que ignoramos porque no se ve ni se siente, aunque deberíamos sentirla o saberla, porque aquí en estas cajas abiertas, con las cuerdas al aire, está el alma de los pianos, el alma enferma arrinconada por alguna parte, esperando la sabiduría de quien les devolverá su tono o sus voces exactas.

Cada piano tiene su propio carácter reconocible por los materiales; estos incluyen madera, hierro, acero, marfil, fieltro y ochenta y ocho teclas. La afinación comienza en el centro del teclado con la nota "LA", que tiene una frecuencia de 440 vibraciones dobles por segundo. Explica don Nikola (nacionalizado chileno en 1959) que para llegar a ser técnico en el oficio se necesitan seis años de esencial aprendizaje. Después de este período inicial viene el perfeccionamiento a costa de práctica, buen oído, sensibilidad y condiciones naturales para la música, elementos indispensables que configuran el talento y capacidad de un maestro afinador. En su taller trabaja con ocho personas, quienes bajo su enseñanza se han convertido en verdaderos artífices de esta disciplina.

Y la disciplina involucra amor y entrega casi total en aquella búsqueda sutil de entonaciones puras, donde no se puede errar sin caer en rupturas de cánones formales sujetos a reglas inamovibles de la escritura musical. Por eso, la afinación llega o debe llegar a constituir un virtuosismo pleno en su ejecución. Y allí en la paz del taller, observamos la devoción con que labora el talento de Raúl Atria, Oscar Gacitúa (hijo), Victor Bustamente o el de Arturo Olivares, los que, entre otros, sustentan el prestigio de esta casa donde la armonía es clave, nota mayor que brota de los pianos semidesnudos, desgajados, buscando su exacta voz, y no otra.

Por eso el contrapunto entre sonido y silencio en estas piezas tan antiguas que no admiten estridencias ni inventos modernos que, a veces, matan el oído tanto como el pensamiento. Por eso en estas piezas, el sol tamizado a través de nostálgicos vitrales, ayuda a conformar una atmósfera como de templo en espera del canto. Y mientras éste no llegue de garganta humana, viene de complacencia el de los pájaros de afuera en esta mañana de enero, cuando empezamos a conocer la razón de los pianos dormidos que el croata Nikola Mrkša nos enseña con orgullo y ternura como si "sus" instrumentos fuesen todos sus hijos desvestidos para una siesta larga.»

Studia Croatica, 1980, vol 76-77, p. 96