In memoriam Ernest Pezet
Milan Blazekovic, Buenos Aires
El 21 de noviembre de 1966 falleció, en París, a la edad de 79 años, Ernest Pezet, parlamentario francés y escritor político. Fue uno de los más grandes amigos de Yugoslavia en Francia, conforme lo declaró él mismo. Pero, conociendo a fondo las condiciones políticas y las relaciones entre los croatas y los serbios tanto en la Yugoslavia monárquica como comunista, Pezet fue un auténtico amigo de los croatas, sin el sentimentalismo perjudicial que a menudo se manifiesta en la amistad de los franceses con Serbia y los serbios y en detrimento de las víctimas del pequeño imperialismo panserbio.
Ernest Pezet nació el 6/12/1887 en Rignac (Aveyron). Antes de la Primera Guerra Mundial inició su actividad política cuando, tras dictar cátedra en las escuelas privadas, se adhirió al político católica Marc Sagnier en el periódico "Democratie" y luego, en 1917, fue designado redactor en jefe de L'Ame Française, órgano del Rassamblement Démocrate Chrétien. En 1919 fue director de La Voix du Combattant. Fue uno de los promotores de la democracia cristiana en Francia (Parti Démocrate Populaire) y desde 1928 diputado por la provincia Morbihan. De 1932 a 1940 se desempeñó como informante y secretario permanente de la comisión parlamentaria para asuntos exteriores de la Europea central y oriental, y antes de estallar la Segunda Guerra Mundial fue nombrado vicepresidente de dicha comisión. En el mismo cargo continuó en el período 1945-1958. Al terminar la guerra se afilió al Movimiento Republicano Popular (M.R.P.), fundado en noviembre de 1944. Fue elegido diputado para la asamblea constituyente, y en los comicios de 1946 fue elegido senador de los franceses residentes en el extranjero. Fue también vicepresidente del senado y delegado de Francia ante las Naciones Unidas y en la conferencia de paz. En 1959 fue elegido miembro honorario del parlamento. Se lo honró y distinguió al conferirle al orden de Commandeur de la Légion d'honneur.
Pezet escribió una treintena de libros. Los que datan del período 1922-1930 son más bien de carácter político-partidista; los publicados entre 1930 y 1959 tratan temas de interés europeo general o se refieren a los problemas de determinados países europeos. Edouard Herriot, Henri de Jouvenel, A. Tardieu y J. Péricard escribieron los prólogos de algunas de sus obras.
Siendo especialista para el Sureste europeo y al mismo tiempo un político, no dependió tan sólo de las informaciones oficiales serbias, puesto que tuvo acceso a los círculos croatas y eslovenos de orientación católica. Pezet conoció muy bien la situación imperante en Yugoslavia desde su constitución y los peligros que las tensiones existentes entrañaban -sobre todo durante la dictadura del rey Alejandro Karageorgevic- no sólo para la existencia de Yugoslavia sino también para la paz en Europa, pese al optimismo de la prensa yugoeslava y francesa de inspiración oficialista. Pezet visitó varias veces a Yugoslavia, mantenía correspondencia con destacadas figuras políticas de todas las corrientes y confesiones en Serbia, Croacia y Eslovenia, salvo -como dice expresamente- con los socialistas y los separatistas. Recogía el material en que dijo la verdad cruda acerca de la realidad yugoslava, procurando prevenir a sus compatriotas contra eventuales e ingratas sorpresas y señalar a la prensa, al parlamento y a la opinión pública de Francia el grave peligro que se cierne sobre Yugoslavia, vista con tantas ilusiones y esperanzas infundadas.
Deseoso en primer lugar de informar a sus connacionales y luego de salvar la unidad de Yugoslavia, unidad que debería fundarse no en la fuerza y la violencia sino en la conformidad de todos los pueblos que la integran, Pezet escribió su libro La Yougoslavie enpéril?, en colaboración con el profesor Henri Simondet, quien se ocupó de la parte histórica. El libro fue publicado en 1933 (Librairie Bloud & Gay, París 1933, pp. 281). Esta significativa advertencia a los factores políticos responsables de Francia y Yugoslavia no sólo implicaba una crítica abierta del panservismo en todos los sectores de la vida pública en Yugoslavia, sino a la par entrañaba la defensa de los derechos y postulados nacionales croatas. No es de extrañar, pues, que este libro de Pezet, aunque escrito con la evidente intención de conservar la unidad de Yugoslavia, parte integrante de la Pequeña Entente como pilar del sistema francés de seguridad política centro-europeo, haya sido prohibido en Yugoslavia. Igual suerte correrán sus obras posteriores sobre Yugoslavia.
Después del atentado de Marsella en 1934, Pezet publicó su estudio Le drame de Marseille et ses conséquences centro-européennes (Vie intellectuelle, 1934) en el que expuso no sólo la actividad y la estructura de las organizaciones revolucionarias croatas (ustasha) y macedonia, las implicaciones en el plano externo del problema croata y macedonio, sin que nuevamente señaló que Yugoslavia es insostenible a menos que a tiempo sobrevenga su total reforma en base federativa y en espíritu de auténtica democracia y la libertad de sus nacionalidades. Como en Yugoslavia después del atentado de Marsella rigió una censura aun más rigurosa, este estudio quedó casi desconocido a la opinión pública de ese país. Después del atentado de Marsella su libro La Yougoslavie en péril? cobró gran actualidad en Francia y fue citado por los defensores en el proceso en Aix-en Provence como prueba de que los atentadores tuvieron por móvil motivos patrióticos.
Cuando el 21 de diciembre de 1958 en la cripta de Sainte Odile el R. P. Teodoro Dragun entregaba al público su libro Le Dossier du cardinal Stepinac, Ernest Pezet disertó en esta ocasión y ubicó al "affaire" Stepinac con l'Affaire Dreyfus, fue publicada en 1959 como un fascículo bajo el título Stepinac-Tito, contextes et éclairages de L'Affaire (Nouvelles Editions Latines, París 1959, pp. 30), y en 1960, en una versión un tanto abreviada en castellano, publicada en Studia Croatica (Buenos Aires, 1960, año I, nro. 1, pp. 10-20).
Pezet, pues, se ocupa tres veces de la situación política en Yugoslavia y de su problema central, la relación serbio-croata, y teniendo en cuenta las tendencias irredentistas de algunos de sus vecinos aboga por la federalización y la auténtica democratización del país. Idénticas ideas sostuvieron algunos otros internacionalistas, los paladines de la unidad yugoeslava como Wickham Steed y Seton Watson, cuyas cartas de 1932 Pezet publicó en el anexo de su primer libro junto con el manifiesto de prestigiosas figuras británicas, publicado en Manchester Guardin el 24/12/1932. Pese a conocer a fondo el problema Pezet, empero, como otros abogados de la unidad yugoeslava no apreció con acierto la incapacidad de los serbios para convivir en el mismo Estado con cualquier otro pueblo no serbio. Pues, además de tantas otras diferencias entre croatas y serbios, resalta el hecho de que los croatas -con gusto o no- convivieron durante siglos en mancomunidad con otros pueblos de la misma órbita cultural, mientras los serbios, casi al mismo tiempo, o fueron subordinados al poder extranjero o vivieron en su Estado unitario autocrático y nacionalmente homogéneo y no se acostumbraron a distinguir la nacionalidad del Estado y compartir democráticamente el poder con cualquier otro pueblo. Por ello fracasó la tentativa de consolidar a Yugoslavia mediante la creación de Banovina Hrvatska (autonomía de Croacia) en vísperas de estallar la segunda conflagración mundial, sino que, por el contrario, estimuló a los serbios para acelerar el derrumbe de Yugoslavia. Por la misma razón, el sistema seudofederativo actual de la Yugoslavia comunista no resolvió ni puede resolver su problema nacional.
Este hecho no lo percibieron en su tiempo ni muchos políticos croatas, de manera que no se puede reprochar a Pezet sus ilusiones que fueron creadas, en circunstancias diferentes incluso, por algunos croatas. En la línea de tal Yugoslavia ideal, por mucho que hoy por hoy nos parezca paradojal, Pezet, en su condición de político honesto y prudente, se convirtió en un sincero amigo del pueblo croata.
Studia Croatica, Año 1967, Núm. 24-27
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