El Dr. A. Tanodi, primer croata académico argentino
Discurso del Prof. Carlos S. A. Segreti
El día 10 de octubre de 1970, en una sesión solemne de la Academia Nacional de la Historia (Argentina) fue incorporado como nuevo Académico Correspondiente en Córdoba, el ex profesor croata de historia, Dr. Zlatko (Aurelio) Tanodi. El Dr. Tanodi, por razones de la ocupación de su patria Croacia por las tropas serbias y comunistas yugoeslavas, llegó a la República Argentina en 1948, donde empezó como un obrero manual en los suburbios de la Capital Argentina. Talentoso, con una voluntad férrea y decisión inquebrantable, superó todos los inconvenientes, lo que le fue reconocido y coronado con el máximo galardón a que puede aspirar un especialista en el campo de su interés científico.
En el grabado, publicado en La Prensa, el presidente de la Academia, el doctor Ricardo Caillet-Bois entrega al nuevo Académico el Diploma y la Medalla correspondientes. Luego pronunció su discurso de recepción el Académico Carlos S. A. Segreti y que más abajo reproducimos íntegramente. A continuación el Dr. Tanodi leyó su Conferencia de incorporación que versó sobre: Paleografía, archivística y los estudios históricos en la Argentina.
En una atmósfera de cordialidad, felicitaciones y aplausos, el presidente Caillet-Bois concluyó la sesión. Nuestra revista se adhiere a los que felicitaron y saben apreciar el trabajo científico del Dr. Tanodi.
El discurso del Dr. Segreti:
"Señor Presidente de la Academia Nacional de la Historia; Señores académicos;
Señoras y señores:
"Explicar el ayer y hacer inteligible el presente constituye la suprema finalidad de la Historia. Nunca como hoy -y creo no equivocarme en la aseveración- se experimenta tanta apetencia por los libros de Historia. Este requerimiento resulta grato, sumamente plausible, para quienes por vocación se dedican al metier de historiar; pero debo confesar que, por lo menos para quien habla, también importa un peligro porque ese requerimiento -que algunas veces se me ocurre que asume las características de apetencia voraz indiscriminada- rebasa la capacidad de producción de los historiadores. El lugar de la obra de estos es ocupado, entonces, por una literatura seudo histórica que resulta necesariamente perjudicial por el sentido, valor y alcances con que se escribe. La Historia, como toda ciencia, como saber sistematizado que es, requiere estudio, reflexión serena y exposición coherente. Ya no es posible "imaginar" la Historia y, mucho menos, transmitir la imagen desfigurada en un relato cargado de pura adjetivación y en la mayoría de los casos con una absurda adjetivación peyorativa. Primero, porque la Historia es producto del esfuerzo intelectual -tan reposado como árido muchas veces- y, segundo, porque como todo saber científico es sustantivo. Por lo demás, todos sabemos que otro es el papel de la imaginación en la ciencia. De allí que siga siendo acertadísima -en nuestro conocimiento- aquella afirmación de un célebre manual de Introducción a los Estudios Históricos: "Pas de documents, pas d'Histoire"; cierto es, también, que no toda la Historia está en el documento, pero no cabe duda de que sin éste aquélla no es posible.
El documento es, bien lo sabemos, la materia prima de la elaboración histórica. Este imprescindible elemento siempre ofreció al historiador aspectos varios y problemas diversos; aspectos y problemas que, desde hace años, han adquirido total independencia y que son materia -constituyen el objeto- de distintas disciplinas aunque todas muy unidas entre sí como, a su vez, demás está decirlo, se encuentran relacionadas con la Historia. Disciplinas en las que la palabra del historiador no deja de ser escuchada con provecho, por obvias razones, de la misma manera que no puede rechazar éste las enseñanzas que ellas le ofrecen.
El historiador es, entonces, debe ser, un agradecido deudor del diplomatista, del paleógrafo, del archivero. Bien se sabe que, sin la colaboración de éstos, la investigación de aquél se demora o alcanza inferencias equivocadas o llega a una vía muerta cuando no se torna imposible desde el comienzo. Precisamente el doctor Aurelio Tanodi, nuestro recipiendario de hoy, es un destacadísimo especialista en esas disciplinas.
El doctor Aurelio Tanodi tiene una estricta formación histórica. Estudió la especialidad en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Zagreb egresando como diplomado en Historia Universal y cuyo doctorado obtuvo en 1944. Rápidamente se encausa hacia el estudio de la Paleografía y de la Diplomática, disciplinas para cuyo dictado se le designa en la Facultad donde egresa. Paralelamente ha adquirido experiencia en materia archivística en el Archivo Nacional Croata, en Zagreb.
Completa su formación intelectual en la Universidad de Graz donde cursa Introducción al Derecho y Paleografía. Después, en el Archivo Secreto Vaticano, estudia Archivología así como Bibliotecología en la Biblioteca Apostólica Romana al mismo tiempo que se desempeña como bibliotecario en la Universidad Antonianum, de Roma, donde cataloga libros en lenguas eslavas y realiza investigaciones en Historia Medieval. Tal la culminación del periplo de su formación europea.
Con aquel bagaje intelectual y con aquella experiencia acumulada llega a la Argentina -país que quiere como al suyo de origen y del que es y se siente ciudadano- donde habrá de convertirse, diría natural y necesariamente, en el especialista que todos valoran y respetan. Porque el doctor Tanodi es, desde este año -y lo digo anticipando su ubicación en esta pálida semblanza cronológica que trazo de su vida intelectual- Doctor Honoris Causa en Paleografía y Archivología del Archivo del Estado, de Roma, merecida distinción que lo singulariza como uno de los cinco archiveros que hasta ahora existe en el mundo con ese grado.
Nuestro Académico Correspondiente inicia su etapa argentina como secretario del Instituto Superior de Estudios Patagónicos; cargo que desempeña en 1949 y 1953. En este último año -1953- inicia su carrera como indiscutido profesor en la Universidad Nacional de Córdoba. En efecto, la Facultad de Filosofía y Humanidades le designa profesor de Paleografía y Diplomática y, poco después, obtiene la cátedra de Edad Media. Quienes hayan tenido que enfrentarse con documentos de los siglos XIII, XIV, XV, XVI o primera mitad del XVII saben lo que cuesta descifrarlos. Más de una vez he sido mudo testigo, en algún examen de nuestra Facultad, de la naturalidad con que sus alumnos los leen de corrido. Además, para el doctor Tanodi, ya no es privilegio tener destacados discípulos. Y esta tarea no es fácil, sobre todo si pensamos en la recompensa material que posibilita la especialidad en esta ya complicada Argentina que todos vivimos hace bastante tiempo.
Pienso que la iniciativa más fecunda del doctor Tanodi es la Escuela de Archiveros de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba. Desde 1959, año de la creación, es su colaborador más eficaz, su sostenedor más entusiasta y dinámico y, por cierto, su necesario director. Todo explica que la O.E.A. haya elegido a "su" Escuela como centro multinacional para capacitación profesional de archiveros americanos.
A esta altura parecería obvio -así se me ocurre- decir que el doctor Tanodi es requerido desde el extranjero para dictar cursos y conferencias en distintas universidades y centros de saber o que ha intervenido en congresos nacionales e internacionales. Hace muy poco tiempo ha regresado de Alemania Occidental y recientemente de Estados Unidos de Norteamérica donde, estoy seguro, ha dejado más saber y experiencia que los traídos. Quizá una prueba más que Tanodi es ya un argentino cabal...
A su iniciativa se deben las celebradas I, II y III Jornadas de Archiveros de Argentina; las dos primeras realizadas en Córdoba y las terceras en Buenos Aires.
Esta indiscutida competencia de nuestro recipiendario ha hecho que, por derecho propio, integre el Consejo Internacional de Archivos, con sede en París; y sea miembro de la redacción de la revista Archivum, que se edita en esa ciudad con los auspicios de la UNESCO; miembro del Comité de Archivos del Instituto Panamericano de Geografía e Historia; miembro de la Sociedad de Archivistas Americanos, con sede en Washington; miembro del Instituto Histórico Croata, de Roma; miembro honorario de la Asociación Venezolana de Archiveros y miembro de la Asociación Peruana de Archiveros.
Sólo en tropel y con memoria bastante flaca puedo citar algunas de las investigaciones concretadas en artículos, folletos y libros: Repartimiento de indios del año 1582; Notas diplomáticas sobre el repartimiento de indios del año 1582; Ediciones de documentos históricos; Reales cédulas y provisiones; Comienzos de la función notarial en Córdoba; Las transcripciones de las ruinas de Cayastá; Libro de mercedes de tierra de Córdoba, 1573 a 1600; El concepto de archivología; Reuniones archivísticas; Nomenclatura indígena de un manuscrito del año 1691; El archivo histórico de Córdoba: problemas y soluciones; Interpretación paleográfica de nombres indígenas; Organización archivística en los Estados Unidos;... y la producción sigue sin adocenarse.
Tres de sus obras, a mi entender, merecen especialísima mención. Quien quiera realizar hoy una investigación en los archivos cordobeses no podrá prescindir de su más que utilísima Guía de los archivos de Córdoba, Córdoba 1968. Quien desee iniciarse en el estudio de la archivología americana o avanzar en los problemas que ella presenta le será imposible pasar por alto a su Manual de archivología hispanoamericana: teoría y principios, Córdoba 1961.
No creo que nadie pueda negar que la historia económica goza en la actualidad de especial preferencia. La edición de corpus documentales se hizo siempre atendiendo a otros aspectos no menos esenciales para la comprensión del fenómeno histórico. En materia de edición de documentos que hacen exclusivamente a la historia económica, el doctor Tanodi acaba de probar al historiador -y lo ha hecho maravillosamente bien- que la misma puede hacerse de una manera compendiada o reducida sin que la investigación resulte perturbada; pero, al mismo tiempo, les ha demostrado a los administradores de las finanzas que ella puede hacerse en forma "económica", problema éste nada baladí en materia de ediciones documentales. Sólo los que están alejados -en razón de la distancia- de los grandes centros de documentación histórica pueden valorar debidamente el esfuerzo que acaba de coronar con todo éxito en la obra Documentos de la Real Hacienda de Puerto Rico, Volumen I, 1510-1519, editado por el Centro de Investigaciones de la Universidad de Puerto Rico e impreso impecablemente en Buenos Aires en 1971.
Es el doctor Tanodi un investigador de ley; son atributos suyos, pues, la callada concentración en el estudio; el trabajo metódico y paciente; pero además la condición de maestro. Características que combina con una profunda calidad humana, con un sincero don de señorío y con una férrea voluntad de servicio hacia todo aquél que se le acerque.
La prudencia señala que ha vencido mi tiempo para poder escuchar al nuevo Académico Correspondiente por Córdoba quien habrá de referirse a Paleografía, archivística y los estudios históricos en la Argentina. Debo concluir pues y lo haré diciéndole -y aquí se me ha de excusar la licencia que me tomo, pero el esfuerzo por el disimulo de una amistad también tiene su punto final-: amigo Tanodi -mi gran amigo Aurelio- experimento una gran satisfacción al darle la más afectuosa y cordial bienvenida en nombre de la Academia Nacional de la Historia.
Studia Croatica, Año 1972, Núm. 46-47
DE ARCHIVOS Y ARCHIVISTAS - HOMENAJE A AURELIO TANODI
Compendio publicado por el Departamento de Asuntos Culturales de la Organización de los Estados Americanos
Son pocos los croatas exiliados que tuvieron la oportunidad de continuar con su profesión y su labor específica en beneficio de la nueva patria y su satisfacción personal. Menos aún, los croatas que su empeño, logros científicos y capacidad organizadora, lograron el reconocimiento de su patria adoptiva y aún más allá de sus fronteras. Tal es el caso excepcional del doctor Aurelio Tanodi, profesor emérito de historia, paleografía y diplomática, archivología y bibliotecología en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Córdoba.
A raíz de sus méritos en todos estos campos, como ciencias auxiliares del estudio de la historia, la Academia Nacional de la Historia (Argentina) en su sesión solenme del día 10 de octubre de 1970, incorporó al doctor Aurelio Tanodi como nuevo Académico Correspondiente en Córdoba. Luego de leer el doctor Tanodi su conferencia de incorporación que versó sobre: Paleografía, archivística y los estudios históricos en la Argentina, pronunció su discurso de recepción el Académico Carlos S.A. Segreti, en cuyo curso precisó: "El historiador es, entonces, debe ser, un agradecido deudor del diplomatista, del paleógrafo, del archivero", y luego aseveró: "Precisamente el doctor Aurelio Tanodi, nuestro recipiendario de hoy, es un destacadísimo especialista en esas disciplinas".
Además, el doctor Tanodi integra el Consejo Internacional de Archivos, con sede en París y es miembro de la redacción de la revista Archivumi que se édita en dicha ciudad con los auspicios de la UNESCO; también es miembro del Comité de Archivos del Instituto Panamericano de Geografía e Historia, miembro de la Sociedad de Archivistas Americanos con sede en Washington. Finalmente para mencionar tan sólo algunas otras instituciones internacionales, es miembro del Instituto Histórico Croata, de Roma; miembro honorario de la Asociación Venezolana de Archiveros y miembro de la Asociación Peruana de Archiveros.
Los logros científicos y realizaciones educativas del doctor Aurelio Tanodi los completa el Anuario Interamericano de Archivos, de Córdoba, correspondiente al bienio 1982, 83, en el cual se ha publicado un estudio titulado "Homenaje Bibliográfico", que a lo largo de 36 páginas agrupa datos bibliográficos de las obras del doctor Tanodi: libros, artículos, informes y escritos inéditos de carácter histórico, archivístico, paleográficos y de diplomática.
El Informativo mensual de Lima —Mundo Archivístico— dedicó su edición del 19 de setiembre de 1984 al doctor Aurelio Tanodi en ocasión de celebrarse el septuagésimo aniversario de su nacimiento. Este número del Mundo Archivístico contiene un documento signifiativo, escrito por el mismo Tanodi a pedido de su amigo, César Gutiérrez Muñoz, para dicha revista y ocasión: una nota autobiográfica! No se trata de un simple curriculum vitae. Es mucho más por breve que sea —apenas siete páginas que traen a la memoria el aforismo de Thomas Hobbes: "There is properly no history; only biography». La revista Studia Croatica se enorgullece de haberse adherido a tal significativo aniversario, reproduciendo casi totalmente esta nota autobiográfica en el N° 4 (99), 1985, pp. 343-347, de la cual, a pesar de la modestia que caracteriza a su autor, surgen sus trabajos y logros en Croacia, luego en la Argentina y también en toda la América Latina.
Y, al final, como último galardón —¡Ojalá que no sea el último!— apareció el año pasado (1987) un compendio de trabajos en Homenaje a Aurelio Tanodi titulado De Archivos y Archivistas. En dicha publicación, de 196 páginas, la Organización de los Estados Americanos —Departamento de Asuntos Culturales— reunió una veintena de expertos de Argentina, España, Brasil, Chile, Perú, Francia, Italia, Alemania, USA, Ecuador y Canadá con sus trabajos en materia archivística, entre ellos los de su propia hija, Branka María Tanodi de Chiapero, profesora en la Escuela de Archiveros de Córdoba.
Esta distinción de la OEA llena de orgullo y satisfacción a todo cien-tífico, por humilde que fuere, puesto que se trata de una asociación regional de naciones, la más antigua del mundo, que actualmente agrupa a 32 Estados americanos.
En su presentación de este Festschrift "para un maestro y amigo dilecto de todos los archivistas americanos", el señor Juan Carlos Torchia Estrada, Director del Departamento de Asuntos Culturales de la OEA, honró al doctor Tanodi coma pionero al abrir camino al reconocimiento y la jerarquización de las funciones de los archivos en América Latina, especial-mente mediante' la creación de la Escuela de Archiveros, en 1959, dependiente de la Universidad Nacional de Córdoba. En consecuencia, con apoyo de esa Universidad y sobre la base educativa de la nueva Escuela, la OEA inició la acción interamericana que culminó con el establecimiento en Córdoba, en 1972, del Centro Interamericano de Desarrollo de Archivos — CIDA. Además, lo señaló como precursor en el sendero hacia el mejora-miento y la modernización de los archivos, y por último como sembrador, debido a sus casi treinta años de labor educativa, de manera que sus antiguos estudiantes y becarios se desempeñan hoy como preceptores de otros archivistas en todos los países de América.
"A un maestro se lo honra trabajando, es decir, continuando y profundizando su obra", escribió el Director Estrada y continuó: "Por eso, el mejor homenaje al doctor Tanodi tenía que ser un cuerpo de reflexiones sabre la tarea archivística por parte de un grupo de destacados profesionales. Los aportes incluidos aquí fueron preparados entre 1984 y 1985, y con diversas características y enfoques analizan facetas de interés permanente para el desarrollo archivístico".
En efecto, leyendo los interesantísimos aportes salta a la vista la presencia del maestro en muchos de ellos. Así, Charles Kecskemet, del Consejo Internacional de Archivos, París, concluyendo su artículo: "Argumentación en favor de una Enciclopedia en materia de Archivos", escribe: "Es precisamente su obra (i.e. de Tanodi), de especial riqueza, la que me ha con-vencido de que un procedimiento de tipo enciclopédico para resolver los problemas de nuestra profesión no es una empresa utópica". Luego, Elio Lodolini, Archivio di Stato, Roma, en su contribución "La formación profesional' y las escuelas de archivística", cita extensamente la opinión de Tanodi en su artículo: "Unas consideraciones sobre la enseñanza archivística latinoamericana" (en: Boletín Interamericano de Archivos, 11/1975/7-23) y comparte la misma en apoyo de cursos separados para los archivistas, separados para los estudios bibliotecológicos y finalmente para los estudios históricos de las universidades. A su vez, Rolf Nagel, Archivo del Estado, Düsseldorf, R.F. de Alemania, en su aporte "Funciones educativas del archivero moderno", destaca como "proféticas" las palabras de Tanodi en su Manual de Archivología Hispanoamericana (1961), en cuanto que había previsto al nuevo usuario de los archivos: el joven, que busca su educación en Ios archivos — de ahí la función educativa del archivero moderno. En el artículo "Sobre el concepto de Archivo", Branka María Tanodi de Chiapero (Centro Interamericano de Desarrollo de Archivos y Escuela de Archiveros, Córdoba), analiza minuciosamente distintos conceptos con el propósito de esclarecer uno de ellos — el concepto de Aurelio Tanodi. La señora Grecia Vasco de Escudero, Archivo Nacional, Quito, Ecuador, en su contribución "El Archivo Nacional del Ecuador y el sinar: breve enfoque ex-positivo", traza la historia del Archivo Nacional del Ecuador desde su creación en 1884 hasta la ley del Sistema Nacional de Archivos en 1982. Como antecedente de esta última acción, la autora destaca la decisiva intervención del doctor Tanodi durante su misión al Ecuador en 1978 cuando "brindó su valioso aporte para crear conciencia en el país e informar y alertar a las autoridades, mediante entrevistas y conferencias". En su estudio "Reflexiones sobre el término 'tipo documental', el autor, Manuel Vázquez (Centro Interamericano de Desarrollo de Archivos y Escuela de Archivos, Universidad Nacional de Córdoba), recurre en varias oportunidades a las obras del doctor Tanodi como referencia, e ag. "Introducción a la ordenación y clasificación" (Serie Archivística, Santiago, Chile: UNESCO, 1982), Manual de archivologí hispanoamericana. Teoría y principios (Córdoba: Un versidad Nacional de Córdoba, 1961), "Hacia un universalismo archivístico" (Arquivo & Administraçao, 4, n° 1, San Pablo, 1976).
Aurelio Tanodi comenzó su formación vocacional bajo auspicios muy favorables. Nació, en 1914, cerca de la ciudad de Varaždin, otrora la capital del Regnum Croatiae, Dalmatiae et Slavoniae, con sus fortalezas y murallas, sus castillos y curias, con su palacio municipal y su archivo! Aquí, luego de terminar sus estudios universitarios en 1938, empezó a trabajar y dictar clases en el colegio. En 1940 pasó al Archivo Nacional Croata de Zagreb, donde desempeñó la función de encargado de la sección de documentos medievales. En 1945 abandonó su patria, ocupada por los comunistas, y después de residir un año y medio en Austria, especialmente en Graz, en febrero de 1947 cruzó a pie el paso del Brenero, entrando a Italia. A pesar de los muy fructíferos estudios en el Archivo Secreto del Vaticano y en la Biblioteca Apostólica Vaticana, las perspectivas para el futuro, la reunión con su familia, no eran promisorias.
En, agosto de 1948, gracias a la política inmigratoria argentina, Tanodi desembarcó en el puerto de Buenos Aires. Luego de desempeñarse como obrero textil en Buenos Aires y emplado administrativo de la construcción en la Patagonia, gracias al médico y antropólogo de indígenas, Dr. Federico Escalada, Tanodi publicó un artículo sobre el repartimiento de indios que cambió su destino. Al introducir el Dr. Carlos A. Luque Colombres la Paleografía y la Diplomática en los planes de estudio de la carrera de Historia en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba, no hubo nadie dispuesto a asumir la nueva cátedra. En base al artículo mencionado Tanodi fue invitado a llenar el vacío. Así, incorporándose en junio de 1953 a dicha Universidad, se reanudó el camino ascendente de su carrera científica — comenzada en Croacia en 1938 en el Archivo Municipal de Varaždin e interrumpida en 1945— culminando en los logros mencionados de los cuales da cuenta cabal la publicación de la Organización de los Estados Americanos: Homenaje a Aurelio Tanodi.
MILAN BLAŽEKOVIĆ
AURELIO (ZLATKO) TANODI: EMPEÑO SIN PAUSA
Con ese título lo presenta Mundo Archivistico, Informativo mensual independiente, Lima, en su número 19 de setiembre de 1984, dedicado enteramente al dr. Tanodi, en los siguientes términos:
"Con el mismo entusiasmo y alegría de las celebraciones familiares recordamos el setenta aniversario del doctor Aurelio Tanodi y hacemos propicia la oportunidad para reconocer y agradecer a viva voz su fecunda obra en favor de los estudios históricos, archivísticos, paleográficos y diplomáticos de América Latina.
Don Aurelio, hijo de Tomás Tanodi y Juana Rozić, nació en la localidad de Hum, cerca de Zagreb, capital de la república de Croacia, el 19 de setiembre de 1914. Europeo por origen y formación, el destino quiso que sin perder ese rasgó fundamental de su vida se convirtiera en un genuino hombre del Nuevo Mundo a fuerza de espíritu y de trabajo. Hace 36 años cruzó el Atlántico en un barco de refugiados y se afincó en la Argentina, país hospitalario que le brindó su ciudadanía en 1952 y al cual correspondió con decisivos aportes intelectuales, docentes y laborales. La trascendencia de sus múltiples esfuerzos y preocupaciones cubrió muy pronto gran parte del continente, definiendo para siempre su alargado gentilicio: croata-argentino-latinoamericano.
Su presencia entre nosotros es verdaderamente providencial. Con ojos de baquiano probó terreno firme y al descubrir los posibles caminos del desarrollo archivístico latinoamericano, los anduvo a paso seguro hasta darle el sentido y la madurez que necesitaba. Para ello eligió la vía educativa lato sensu (clases, conferencias, asesoramientos, publicaciones, consejos). Hizo de la Escuela de Archiveros y del Centro Interamericano de Desarrollo de Archivos, ambos salidos de sus manos en Córdoba, el cuartel general de su muy intensa actividad. Hoy las cosas son diferentes gracias a la notable influencia que ejerció a través de un auténtico magisterio profesional y humano. Tantas veces dio pauta con un ejemplo, con un gesto, con una palabra... y sigue dándola.
Con esta edición-homenaje al doctor Tanodi, en la que se incluye una admirable nota autobiográfica suya, Mundo Archivístico quiere destacar de su extraordinaria personalidad las cualidades que le distinguen como gran archivero, maestro y señor."
Lamentamos que por razones de espacio no podemos reproducir enteramente esta realmente "admirable nota autobiográfica". Nos limitaremos a determinados pasajes que ilustran su figura como hombre e investigador, y el destino que lo llevó a la Argentina, su nueva patria.
"Mi carrera profesional encaminada hacia la investigación histórica y los archivos se decidió en el último año de mis estudios secundarios, que cursé en la tranquila y provinciana ciudad de Varaždin, cercana a la capital de Croacia, Zagreb, de larga tradición histórica, que posee un relativamente rico archivo municipal.
Durante los estudios de la carrera de Historia en la Facultad de Filosofía (193.3-37) me vinculé especialmente con el profesor Mijo Barada, catedrático de Ciencias Auxiliares de la Historia (Paleografía latina, Diplomática y Cronología) y de Historia Medieval Croata. Terminados los estudios, en 1938 empecé a trdbajar en el Archivo Municipal de Varaždin, en la sección de documentos medievales, preparando su transcripción y publicación, y dictaba clases en el colegio clásico de los Padres Franciscanos. Por iniciativa y gestión del doctor Barada pasé en 1940 al Archivo Nacional Croata de Zagreb, donde desempeñé la función de encargado de la sección de documentos medievales, sin descuidar las actividades generales de este importante archivo. A pesar del torbellino de la Segunda Guerra Mundial que en 1941 se precipitó sobre mi patria nativa, la mayor parte de mi tiempo pude dedicarla a labores archivísticas e investigaciones paleográficas, diplomáticas e históricas, efectuar inspecciones a varios archivos del país, pre-parar publicaciones y obtener el grado de Doctor en Filosofía, especialidad de Historia. En 1945 B .rada me propuso como su sucesor en la cátedra de Ciencias Auxiliares de la Historia. que yo pensaba ampliar a los estudios de archivología y vincular la citada cátedra. para la cual fui elegido por las autoridades de la Facultad de Filosofía, con el Archivo Nacional Croata. Sin embargo, la situación postbélica cambió el rumbo de mi vida.
Por no compartir la exclusividad político-ideológica del nuevo gobierno, dejé mi patria nativa, mi esposa e hija, mi profesión, todo el entorno de mi juventud, y una fría noche de noviembre de 1945 crucé la frontera austríaca arriesgando la vida. Esperaba encontrarme para el resto de mis andanzas por el mundo con sistemas democráticos basados en la libertad. ¿Realidad, ilusiones? Llevé conmigo dos fundamentos, la fe —firme y constante— y la vocación —firme pero expuesta a los vaivenes y embates de fuerza mayor—.
Empezó la segunda fase de mi vida profesional de grandes oscilaciones.
Mi primer contacto con occidente fue memorable. Me metieron en la cárcel por haber pasado ilegalmente la frontera. Pero fue por pocos días. Me fui a la ciudad de Graz, donde las fuerzas de ocupación inglesas disponían de un campamento estudiantil para los refugiados de los países de oriente. Allí me inscribí en la Facultad de Derecho de la Universidad, donde puse atención en estudios de Introducción al Derecho y de Derecho Municipal de la Edad Media. Tomé contacto con la cátedra de Paleografía en la Facultad de Filosofía y con el Archivo Provincial de Estiria, con el fin de realizar una investigación sobre los documentos medievales. Durante mis viajes por Austria visité algunos archivos. En Graz me surgió la idea de coleccionar documentos relacionados con los refugiados croatas y de formar un archivo de migrantes croatas. De Graz pasé a Salzburg, donde encontré a un conocido padre franciscano, quien fue profesor en el Colegio Franciscano de Varaždin. Le expuse la idea del archivo, la que le gustó mucho y ya empezamos a reunir algunos documentos. Me propuso la gestión de emplearme en el Archivo Arquidiocesano, que necesitaba refuerzos de especialistas en documentos medievales, pero mi nuevo camino se dirigió a Roma, por intervención de otro franciscano que vino de Italia y consideraba que podía prestar servicio en la Universidad Pontificia Antonianum de los Padres Franciscanos, cuyo rector era un croata, el Dr. Carlos Balić, famoso mariólogo y especialista en la filosofía de Duns Scoto,
Una noche de febrero de 1947 crucé, con ayuda de un fraile tirolés, las gélidas alturas nevadas del paso de Brenero, esquivando las fuerzas fronterizas austríacas e italianas. En Roma, fray Balić me contrató para hacer el catálogo de una biblioteca que compró la Universidad de un lingüista italiano, que contenía muchos libros en lenguas eslavas. Al mismo tiempo, ayudaba a Balić en la transcripción de fotocopias de unos códices del siglo XIII. Me quedó un buen margen de tiempo para cursar, en el año lectivo 1947-1948, archivología en el Archivo Secreto Vaticano y bibliotecología en la Biblioteca Apostólica Vaticana. Cuando terminé el catálogo, realicé en las bibliotecas romanas una investigación sobre la repercusión de la revolución de 1848 en Croacia; entonces se conmemoraba el centenario de la misma y preparé un libro que no pudo imprimirse por falta de fondos económicos. En Roma expuse la idea de creación de un archivo de emigración croata que tuvo buena acogida, pero no hubo medios para concretarla. Balić quiso que me quedara en Roma como especialista para los documentos relacionados con los pueblos eslavos en el Archivo Secreto Vaticano o en el Archivo Franciscano, pero no prosperó su intento de realizarlo. Cerradas las puertas allí y en la necesidad- de ganarme el pan y ayudar económicamente a la familia, que permanecia en Zagreb, quedaron las puertas abiertas de Argentina, cuyo gobierno facilitó, único en el mundo por entonces, la recepción de grandes contingentes croatas. Me dirigí a Grugliasco, cerca de Torino, donde una parte de un manicomio se utilizó para los refugiados en tránsito hacia América via Génova. Allí concluyó mi peregrinaje europeo, que eiñnpezó en una cárcel austríaca y terminó en un manicomio italiano...
En Italia tuve una nueva experiencia vital. De origen eslavo, inclinado un poco a la melancolía, tímido pero no exento de energía y decisión, experimenté la mentalidad germánica de orden, responsabilidad, trabajo sistemático que me dieron algunos profesores de origen alemán y la estadía en Austria. En Italia me familiarice con la mentalidad latina que me impresionó por su intuición, agilidad, calor humano, inclusive la improvisación y me sirvió para la mejor adaptación en el ambiente argentino latinoamericano.
Dejé Italia con el nuevo dolor por lo que dejaba y con renovada esperanza en el futuro.
Agosto de 1948. Un buque de transporte de tropas norteamericanas, puesto a disposición de la Cruz Roja, entra en el puerto de Buenos Aires.
Intenté como primer paso realizar los planes de crear un archivo de la vieja emigración croata bastante numerosa en Argentina, Chile y Estados Unidos, reforzada ahora con los nuevos refugiados. No hubo medios económicos.
A fines de 1948 Llegó Balić a Buenos Aires, donde organizó un gran congreso mariológico. Habló con el ministro Ivanisevich, de origen croata de Dalmacia, quien le prometió el empleo profesional para unos 3 ó 4 profesores, entre ellos incluida mi persona, pero pronto se olvidó de la promesa. Traté de vincularme con el Archivo General de la Nación, carrera de Historia de la Universidad, Biblioteca Nacional y otras bibliotecas. La respuesta fue unísona: lo lañientrimos. Había que buscar cualquier ocupación. Hice un curso elemental de contabilidad en la Academia Pittman, que me vino bien después en Comodoro Rivadavia. Entré en una fábrica de tejidos como obrero. Día tras día, semana tras semana, durante ocho horas continuas había que des-enchufar todo pensamiento y enchufar la atención exclusiva a las máquinas. No resistió el cerebro contaminado de estudios e ideas. Debía abandonar la fábrica y decidí dejar la capital porteña.
En Comodoro Rivadavia necesitaban mano de obra física y administrativa. Encontré vínculos con una empresa constructora que me empleó como jefe de personal en grandes obras que ejecutaban allí. Me dirigí al sur patagónico, difamado de ser tierra de soledad con un clima inhóspito. No importaba. El almanaque mostraba el mes de noviembre de 1949. .
Me vinculé con el Instituto Superior de Estudios Patagónicos, cuyo presidente el Dr. Federico Escalada, médico y antropólogo de indígenas en la Patiagonia, me dio en mano la reproducción del repartimiento de indios que hizo Juan de Garay en 1582 al fundar la ciudad de Buenos Aires. Publiqué un artículo sobre el repartimiento que cambió mi destino. En Comodoro Rivadavia concebí la formación de un archivo con características de un repositorio de documentos de interés histórico, que reuniera también el material audiovisual a producirse por las entrevistas a las personalidades y simples pobladores. pero con mi alejamiento no se concretó. Allí, al recibir en 1952 la carta de ciudadanía argentina, en uno de mis solitarios paseos por las áridas latitudes patagónicas, me arrodillé y besé la tierra. A este beso lo tomé como el signo del noviazgo espiritual con mi nueva patria adoptiva, libre y emotivamente aceptada, incrustada en el mosaico de los países de tradición hispana en el suelo americano. Me sentía hijo de dos patrias, la nativa fielmente querida; a esta fidelidad la consideraba como prenda para ser fiel a la adoptiva.
Mientras tanta en otra parte de Argentina, el Dr. Carlos A. Luque Colombres logró iñtroducir la paleografía y la diplomática en los planes de estudio de la carrera de Historia en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba. En su calidad de decano buscó en vano en Buenos Aires un profesor dispuesto a asumir la nueva cátedra y, en base al artículo arriba citado, me invitó para llenar el vacío. Así, en junio de 1953 me incorporé a la famosa Universidad y, en un abrazo definitivo con la prestigiosa institución. Poco después llegó de Zagreb mi familia. Así empezó la tercera y definitiva fase de mi vocación...".
Manuel Vázquez en el Anuario Interamericano de Archivos, vol. IX-X, pp. 271-306, Córdoba 1982-83, dedica a nuestro distinguido connacional un estudio titulado "Homenaje Bibliográfico".
.. Ese trabajo que comprende 36 páginas y que agrupa los datos bibliográficos de las numerosas obras del dr. Tanodi, libros, artículos, informes y escritos inéditos ("Pienso que no hay tópico de Archivología que no haya sido tratado por el Dr. Tanodi"), nos proporciona una imagen cabal de su extraordinaria labor que trasciende la Cátedra de Paleografía y Diplomática y de la Historia de la Edad Media de la Universidad Nacional de Córdoba y se proyecta en el vasto campo de toda Latinoamérica, labor del investigador, pedagogo, consejero y organizador, alcanzando también a Europa y los países del Oriente en sus incansables viajes de exploraciones, de investigador científico, profesor visitante, participante de los simposios internacionales,
"Al crear la escuela de Archiveros —dice Vázquez—, tuvo que ser profesor y autor, además de formador. La literatura archivística era entonces mucho más escasa y, en lengua española, casi inexistente". "Antes de su llegada a la Argentina. ya tenía estudios diplomáticos escritos en su lengua croata natal. En Córdoba aplicó sus profundos conocimientos y el diplomatista español José Joaquín Real Díaz, en Sevilla, comentó así su obra diplomática. Dice este autor que esta especialidad en general y sobre todo en el área de los documentos coloniales hispanoamericanos que él llama `Documentos indianos'. son campos vírgenes `donde sólo encontramos al meritísimo profesor argentino Dr. Tanodi, auténtico pionero de los estudios diplomáticos indianos'. . .".
La última distinción del dr. Tanodi —el motivo reciente de esta nota—fue la adjudicación del título "Doctor Philosophiae Honoris Causa" por la Universidad de Colonia de la República Federal de Alemania en reconocimiento de sus méritos en investigación histórica en los campos de paleografía. diplomática y archivística y por su contribución al estrechamiento de lazos entre la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad de Colonia.
Este alto honor le fue conferido oficialmente en una ceremonia que tuvo lugar en la Universidad Nacional de Córdoba el 26 de abril de este año y en la que hicieron uso de la palabra el rector de la Universidad, Dr. Mario A. Piantoni; el vicerrector v decano de la Facultad de Filosofía v Humanidades, profesor Carlos A. Segreti y el cónsul de la República Federal de Alemania en Córdoba, Hugo M. Fehrenbach.
Homenaje de la República del Perú al Dr. Zlatko (Aurelio) Tanodi
En la ciudad de Córdoba, el 26 de Julio pasado, y en el marco del programa de actividades en conmemoración del 185° aniversario de la independencia de la República del Perú, fue condecorado nuestro compatriota Dr. Zlatko (Aurelio) Tanodi.
En su propia casa, el Dr. Tanodi, junto a su mujer, sus cuatro hijos y sus nietos, recibieron a las autoridades del Consulado Peruano, como así también al Cónsul Croata, Nikola Nakic y al Presidente del Hogar Croata Cristian Sprljan.
El acto, íntimo y emotivo, comenzó con las palabras del Sr. Cónsul Dr. Raúl Bresani Zabala (Nieto de croatas), en calidad de Cónsul General del Perú, quien recordó la vida y obra del Dr. Tanodi. Su lugar de nacimiento, en el año de 1914 en el pueblo de Hum. Sus estudios y su Tesis, en la cual refutó a su propio Maestro, el Profesor Barada. La guerra y su partida en soledad, hacia la inmigración. El reencuentro con su mujer Gisela y su hija Branka en la Argentina. Sus primeros trabajos en la nueva tierra. El reconocimiento de su labor en el área de la Archivología a nivel Latinoamericano y especialmente en el Perú; donde logró no sólo el reconocimiento académico, sino la amistad de sus pares.
Acto seguido, el Dr. Bresani Zabala, impuso la “Medalla de Honor al Mérito del Archivo General del Perú”, en nombre de sus colegas peruanos.
Por su parte el Hogar Croata de Córdoba y el Consulado, le hicieron entrega de una placa en la cual dejaba testimonio del agradecimiento de sus compatriotas, por su aporte a la cultura de Córdoba y Argentina.
Finalmente sus hijos Branka y José agradecieron a todos su presencia y manifestaron la alegría de poder compartir este momento con su padre.
Así, el homenaje al Dr. Tanodi se suscribe a una serie de reconocimientos para quien fuera el fundador de la primera Escuela de Archivística de la Argentina y de la cual fue su director por 27 años. En sus 91 años de vida, el Dr. Tanodi recibió una serie de reconocimiento entre los que se destacan el de 1984 bajo el título de “Doctor Philosophiae Honoris Causa” por la Universidad de Colonia, República de Alemania y el recibido en 1998 por el Estado Croata quién lo condecoró con la Orden del “Hrvatski Pleter”. También es importante mencionar que durante el “5° Congreso de Archivología del MERCOSUR , se dispuso la creación del “Día del Archivero del MERCOSUR” en su homenaje, tomado su fecha de nacimiento (el 1° de septiembre) para celebrarlo.
- Tanodi, Zlatko, Stjepan H. Vojislav - Kralj Bijele i Crvene Hrvatske. Hrvatska Revija-La Revista Croata, 1956, 1, pp 48-61 - (Rad posvećen prof. Filipu Lukasu "u znak poštovanja za neumorni kulturni, posebno povijesni rad").
- Tanodi, Zlatko, Postanak Vlaha prema novim povijesnim istraživanjima. Dr. O. Dominik Mandić. "Hrvatska Misao", sv. 18-19, Buenos Aires 1956. Hrvatska Revija-La Revista Croata, 1957, 3, pp 264-5. (Prikaz).
- Tanodi, Zlatko, Crvena Hrvatska u svijetlu povijesnih izvora. - O. Dominik Mandić. Izdao "Hrvatski Povijesni Institut", Knjiga I., Chicago 1957, Hrvatska Revija-La Revista Croata, 1958, 1, pp 62-64. (Prikaz).
- Tanodi, Zlatko, Korespondencija Mihovila Pavlinovića. - Ante Palavršić i Benedikta Zelić. Izd. "Historijskog Arhiva", Split 1962. Hrvatska Revija-La Revista Croata, 1965, 1-2, p. 112 (Prikaz).
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Kelava, Metod, Lijep uspjeh prof. Zlatka Tanodia. Hrvatska Revija-La Revista Croata, 1957, 2, p. 163. Tanodi, Zlatko, Medjugorje, Studia Croatica, Volumen 126-127, año 1994 .
Tanodi, Aurelio. Manual de Archivologia Hispano-Americana. Cordoba, Argentina: Universidad Nacional de Cordoba, 1961; pp. 286.